La nueva obligación de intentar negociar antes de demandar por impago está ralentizando los cobros en pymes y autónomos. Expertos alertan: algunos morosos están usando ese paso previo para ganar tiempo. ¿Cómo afecta a la liquidez de las pequeñas empresas y qué pueden hacer para protegerse?
Hay palabras que en las pymes suenan como una alarma: tesorería, plazos, cobros. Y este año, otra expresión se cuela en la lista: pre-negociación obligatoria. Desde la entrada en vigor de los nuevos requisitos para reclamar impagos, pymes y autónomos están obligados a acreditar un intento formal de negociación con el deudor antes de acudir a los tribunales. La intención es buena —favorecer acuerdos amistosos—, pero la realidad empresarial es otra: el tiempo corre, la liquidez no espera y, en muchas ocasiones, el moroso sí.
Los expertos consultados por los principales medios advierten que algunos deudores están aprovechando este paso previo para dilatar pagos, estirar plazos y bloquear la caja de pequeños negocios que ya vivían en equilibrio precario. Y en una pyme, retrasar un cobro no es solo un problema contable: es una preocupación diaria, un préstamo inesperado al cliente y, en ocasiones, la diferencia entre pagar nóminas o no.